"Hay cuatro personas sobre el escenario. La música camina sobre un tempo sólido, se enrosca perezosamente. El bajista falla una nota, provoca un pequeño desplazamiento rítmico, se sucede un intercambio de miradas que buscan al culpable del imprevisto. El tío de la guitarra improvisa un riff sencillo sobre la nota falsa, el truco encaja perfectamente. Lo repite un par de veces, regurgita el error. La música se sobrepone, crece mejorada por la imprecisión y la espontaneidad.

Nadie ha notado nada. Click.

 

 

En casa de mi familia había una vieja cámara de fotos que aún conservo, con ella empezó esta aventura. Entre el reproche y la complicidad, mi madre siempre ha dicho que las únicas pasiones que no he logrado abandonar han sido la música y la fotografía, de todo lo demás tarde o temprano he acabado desistiendo. Es cierto.

Aquel juego fue revelando poco a poco algo mucho más rico, un modo de ver, descubrir y descubrirme: en los encuentros inesperados con la arquitectura urbana, en la complicidad del retrato humano. Monólogos. Conversaciones. Furtivas, elocuentes, atemperadas.

Cada imagen cuenta una historia particular y deja una huella distintiva, su propia caligrafía. Su voz. Mirar a través del objetivo nos aleja y nos acerca lo bastante para ver lo que pasa inadvertido a otras personas. Nos conecta con el mundo. 

Con otros mundos posibles."

David Gotxicoa